Si un buen amigo te comentara un día de esos que sale el sol (no un día cualquiera en París), que ha visitado la Biblioteca Nacional de Francia en París, probablemente pensaras en un edificio de fachada barroca, recargada y compleja situado al final de una gran avenida en contraposición con otro gran monumento en su otro extremo, como proponía el Barón Haussman (1809-1891)...mas he de deciros que el tropiezo es, cuanto menos, colosal.
En el año 1989 se propone un concurso bajo el mandato de François Mitterand (1916-1996), presidente de la República Francesa durante catorce años, de un proyecto de ampliación de la BnF. La propuesta ganadora del mismo fue la del arquitecto francés Dominique Perrault (1953-*), en un alarde de simplicidad en un proyecto de tal envergadura.
Es, actualmente, una de las bibliotecas de mayor relevancia de Francia y del mundo, tanto por sus dimensiones (hablamos de una intervención que abarca una superficie de 7,5 hectáreas), como por el volumen de saber que posee (más de 13 millones de libros y 350.000 volúmenes encuadernados manuscritos).
A medida que avanzamos vamos descubriendo más, se extiende ante nosotros una gran escalinata que eleva las torres varios metros por encima de la Ciudad; el primer pensamiento: "¿Qué necesidad hay?".
Subimos la escalinata y nos encontramos en medio de una gran plaza rectangular, cerrada únicamente en sus vértices por las cuatro torres (de casi 80 metros cada una). En el centro de la misma aparece una gran perforación, de hasta diez metros de profundidad, en la que encontramos una gran masa arbolada (un bosque de 12.000 metros cuadrados en plena ciudad), así como otras perforaciones de menor tamaño, también ocupadas por vegetación.
Al momento nos damos cuenta de la paz que reina en tan inmensa plataforma (cerca de 60.000 metros cuadrados). Te encuentras ajeno al bullicio, asunto habitualmente complicado en París; ahora entendemos la intención de Perrault al alzar la plaza sobre el nivel de la ciudad.
Así es la Biblioteca Nacional de Francia. Un edificio atemporal, abierto al público un 20 de diciembre de 1996. Pensado y elaborado con gran sensibilidad; siendo éste: sobrio, formal, sencillo y a la par moderno, fresco. Sin dejar de lado la atención y el respeto que merece dada su relevancia.
Ya sólo nos queda, como poco, animaros a observar con detenimiento algunas de las muchas imágenes que tomamos del complejo hace un par de semanas, quedando tremendamente fascinados con este hito de la arquitectura que, por descontado, debe ser visitado, recorrido y admirado, cuantas más veces mejor.
Esperando siempre que sea de vuestro agrado y que hayamos podido ser partícipes de ese refrán popular que dice: "a la cama no te irás sin saber una cosa más".
ArquitecturayGastroEconomía
Muy buen artículo!! Gracias por la visita guiada por la biblioteca...
ResponderEliminarMuchas gracias anónimo, intentamos escribir de un modo cercano, para todos los públicos.
EliminarA suscribirse toca :)
Muy buen artículo!! Gracias.
ResponderEliminarLa verdad es que es una maravilla.. esto va sobre ruedas :)
ResponderEliminar¿Cuando un mix? ¿Cocinando en La Ville Saboya? ¿Barbacoa en Rochamps? Ahí lo dejo...
Monsieur Díaz-Miranda, muchas gracias por el incondicional apoyo en todas las redes sociales :)
EliminarHaremos pronto algo nuevo, no creas que no estamos pensando. En la arquitectura y, en cualquier ámbito de la vida misma, hay que reinventarse permanentemente. No para atraer y atraer simplemente, sino para no caer en la rutina, tomando pequeños hábitos que dejen de hacer que cada post sea especial. Un abrazo.